Elecciones y Transición (parte II): Economía y hacienda

La primera parte de esta reflexión trató sobre las posibilidades de la política municipal para reparar en alguna medida el desaguisado urbanístico de los últimos años y recuperar parte de los recursos despilfarrados. Ante la falta de un nuevo marco que regule el proceso reurbanizador, la fiscalidad municipal se muestra como uno de los elementos con el que cuentan los municipios para motivar a los agentes que intervienen en el mismo. Evitaré entrar en propuestas concretas, pues las intervenciones idóneas dependerán de los resultados que se deseen alcanzar y serán necesariamente diferentes en cada municipio.

En esta ocasión me centraré en las circunstancias para que estos espacios y en general la trama urbana de muchos municipios resulten viables y no sean abandonados. Me refiero a esa condición necesaria apuntada en la primera entrega: “Que los municipios favorezcan los flujos de valor que se dan en su territorio y en su entorno más próximo”. Pero, ¿Cuáles son estos flujos y cómo se pueden favorecer?

Si echamos un vistazo a los entes que forman un municipio veremos que hay varios niveles o estructuras que se superponen y que es importante no confundir. En la base, soportando al resto de capas estaría el territorio también llamado matriz bio-física. Sobre el territorio se asienta la población o sociedad civil y sobre esta las instituciones que la sociedad crea para organizarse. Las corporaciones municipales corresponden a este tercer nivel. Al igual que sucedía con los espacios urbanizados y con otras estructuras físicas, muchas instituciones municipales han crecido durante los años de expansión más allá de la escala deseable siendo su sostenimiento por parte de la sociedad civil más costoso. Existen no pocos consistorios que son como enfermos crónicos y dependen de un entramado financiero externo complejo. A su vez este sistema o entramado ha crecido notablemente en complejidad y escala en las últimas décadas reduciendo su capacidad de evolución y adaptación. Es el proceso que conocemos por globalización.

Ante este panorama parece recomendable que los Ayuntamientos cedan protagonismo a la sociedad civil de cada localidad, potenciando los intercambios con ésta y favoreciendo que estos flujos se queden dentro del territorio y tengan un efecto multiplicador. Por ejemplo los consistorios podrían dar prioridad en sus contratas a empresas locales. Una forma de evitar que ese flujo de valor deje el territorio es pagar parte los sueldos y de los bienes y servicios que adquieren con una moneda local. Para lograr una buena aceptación de este medio de pago se puede permitir el pago de una parte de los impuestos municipales en esa misma moneda.

No obstante es factible potenciar flujos locales de valor sin tener que recurrir a medios de pago alternativos. Basta conseguir que parte de los servicios que actualmente se adquieren y contratan en el exterior se satisfagan dentro de una lógica local. Pondré un ejemplo con uno de los capítulos más importantes dentro del presupuesto municipal: La gestión de los residuos urbanos. Es factible conseguir que parte de los residuos que se envían al exterior para su tratamiento se traten dentro del municipio y vuelvan a incorporarse a la economía local (economía circular). Condición necesaria para ello es que el consistorio obtenga un ahorro en función del volumen de residuos que ya no es necesario desplazar y tratar por la entidad contratista. La segunda condición es que sea factible destinar ese ahorro a las personas y entidades que separan los residuos haciendo posible su tratamiento. La formula más sencilla sería localizar cuáles son los residuos más valiosos y fácilmente separables y ofrecer a aquellos que los generan una bonificación en la tasa de basuras proporcional al volumen que separen. Si esta transacción se regula de forma conveniente mediante una ordenanza surgirán de forma espontanea iniciativas que se encarguen de su recogida y tratamiento. Existen iniciativas que tratan y reutilizan residuos agropecuarios y que podrían utilizar esos mismos procesos para recuperar parte de los residuos urbanos que colmatan nuestros vertederos. La única razón por la que no se lleva a cabo es porque no existe la motivación (incentivo económico) para que esos residuos sean separados y aprovechados.

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Todos los flujos que se dan entre un ayuntamiento y el exterior son a priori susceptibles de generar ahorros que den lugar a iniciativas viables dentro de la sociedad civil. Los nuevos consistorios que se formen pueden tomar voluntariamente la opción de salir del primer plano mediático y apostar por sus vecinos favoreciendo estos procesos de regeneración económica. En cambio su papel podría centrarse en determinar cuáles son las circunstancias para lograr un mejor aprovechamiento del territorio municipal a medio plazo. Conociendo lo magro de nuestro devenir energético, en los años venideros va a ser necesario intensificar los flujos que se dan entre la sociedad civil y el territorio de acuerdo con la vocación de éste. Esto pasa por re-generar una agricultura y una ganadería locales y de proximidad. Dado que en muchos casos estas y otras actividades no son rentables bajo las circunstancias actuales, es una decisión valiente apostar por ellas y, dentro de su ámbito de actuación, perseguir que vuelvan a ser viables.


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